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lunes, enero 05, 2009

Episodio III: Elvis

Suena el móvil. Amparo ha comenzado a pasearse sobre mí, tanteando el terreno en busca de un buen sitio en el que acomodarse. Lo encuentra a la altura de mi cintura, se hace un ovillo y confirma que está satisfecha con un buen ronroneo. Tengo churros. Arriba el chocolate!, reza el mensaje que acaba de llegar. Consigo entender, todavía entre sueños, que mi hermano espera que prepare chocolate. Me arrastro hasta la cocina con la gata colgando de mi espalda. Lo preparo.

Tras dar buena cuenta del desayuno de los campeones, vuelvo a la vida bajo la ducha, con un agua más fría que de costumbre. Estoy feliz. Hoy es un buen día. Voy a ver en persona a Elvis, siempre pendiente de que su movimiento de cadera no cese. Él siempre supo como dar un buen golpe de pelvis.

Recojo tus regalos. No todos. Me como uno de ellos. Los meto en la mochila y me encamino hacia la calle. ¡Un momento! Subo al dormitorio, cojo el portátil y apunto tu dirección. Abro el correo electrónico para buscar tu segundo apellido, introduciendo tu nombre en el cuadro de búsqueda. Ostias, tengo un mail sin leer desde mitad de Diciembre. SIGOVIVA, anuncia el título. El asunto me tranquiliza, al menos sé que en el momento de escribir no habías palmado. Comienzo a leer y todo tiene un aire extraño, como si las cosas que me cuentas hace mucho tiempo que debieran haber sido contadas. Reviso la fecha. Madre de Dios. Tus palabras han estado esperando más de un año, pacientemente, a ser leídas... Maldigo mi suerte, mi estampa, mi vida, y algunas cosas que no sé pronunciar correctamente. Termino de leer. Al final das las gracias por haberte leído. De nada, pequeña. Me planteo por un momento contestarte. Tampoco es para tanto un año de retraso. Al final no he contestado. Casi olvido apuntar lo que venía buscando. Viqueira.

Salgo a la calle en busca de Elvis. Hay varios sitios a los que debo ir, y lo que acaba de suceder me tiene ocupado el pequeño grupo de neuronas que, a lo largo de los años, se han hecho fuertes atrincheradas en alguna parte del oído interno, haciéndose pasar por simple cera y reconocidas en los alrededores como auténticas refugiadas de guerra. Tan peculiar situación me tiene confundido, y deambulo de un lado a otro sin saber muy bien adónde ir. Está bien, centrémonos. ¿Dónde puede estar Elvis? Una tienda, otra, otra. Maldición, era Viqueira....

Pregunto al chino que regenta la tienda en la que me encuentro: ¿Has visto a Elvis por aquí? Tienen un micrófono y mueve la pelvis hasta quedar aturdido.. Algo se ilumina en los ojos del chinorri, esboza una pequeña sonrisa. Ya te tengo, cabronazo, me digo. El arca de la alianza, el santo grial, la Atlántida y el significado de las lenguas íberas no son nada comparado con mi hallazgo. Hemos llegado. El chino me muestra su tesoro: un oso de peluche de color rosa. Pala el coche. Ahora sí sonríe. El muy cabrón.

Me largo y continúo deambulando. Entonces sucede. Mis ojos se llenan de lágrimas. No puedo evitar pensar en lo que estoy haciendo, ni consigo sacar de mi cabeza la idea de que algo sería diferente si te hubiera prestado más atención en su momento. Envío los regalos. Vuelvo a casa.

Elvis dándolo todo

Al final no encontré a Elvis, pero se ha cachondeado de mí desde las noticias de las 3.

2 Comentarios:

Blogger Fran dijo...

Pregunto al chino que regenta la tienda en la que me encuentro: ¿Has visto a Elvis por aquí? Tienen un micrófono y mueve la pelvis hasta quedar aturdido.. Algo se ilumina en los ojos del chinorri, esboza una pequeña sonrisa. Ya te tengo, cabronazo, me digo. El arca de la alianza, el santo grial, la Atlántida y el significado de las lenguas íberas no son nada comparado con mi hallazgo. Hemos llegado. El chino me muestra su tesoro: un oso de peluche de color rosa. Pala el coche. Ahora sí sonríe. El muy cabrón.



JAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJJAjajajajaj
xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDdd
sí señor!

5:24 PM  
Anonymous pakino dijo...

unas cuantas palabrotas mas y bukowski al paro xD

9:22 PM  

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