http://www.makepovertyhistory.org Menuda mierda: Episodio XIV: La mancha de café <body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener("load", function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <iframe src="http://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID=12295158&amp;blogName=Menuda+mierda&amp;publishMode=PUBLISH_MODE_BLOGSPOT&amp;navbarType=BLUE&amp;layoutType=CLASSIC&amp;searchRoot=http://rachasdeviento.blogspot.com/search&amp;blogLocale=es_ES&amp;homepageUrl=http://rachasdeviento.blogspot.com/&amp;vt=-184086582664670151" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no" frameborder="0" height="30px" width="100%" id="navbar-iframe" allowtransparency="true" title="Blogger Navigation and Search"></iframe> <div></div>

jueves, marzo 11, 2010

Episodio XIV: La mancha de café

Irremediablemente, toda bajada está seguida de un nuevo ascenso. Esta vez, afortunadamente, también iba a ser así.

Nuestro protagonista, que aún desconocía el giro que los acontecimientos iba a tomar apenas doce horas más tarde, se encontraba absorto mirando a la pared, con aburrimiento.

La experiencia, esa inagotable fuente de conocimiento y de erróneas inducciones, se empeñaba en repetirle que todo estaba equivocado, que nada saldría bien. Maldita perra. Y esto no sería ningún problema si nuestro pequeño cascarrabias fuera el personaje principal de una tragicomedia: de ser así, todo estaría saliendo a pedir de boca.

No, mis queridos lectores, me temo que este joven tristón, al que véis absorto mirando a la pared, se encontraba en este mismo instante en una partida a vida o muerte en el juego de la vida, y cuando estás inmerso en este tipo de asuntos, cualquier parecido con una tragicomedia pone a uno de los nervios, cuanto menos.

Finalmente, y sin siquiera imaginar que estaba siendo objeto de observación por nuestra parte, decidió que, en efecto, esa pared no tenía absolutamente nada de especial, aparte de un par de chicles pegados y unas manchas de lo que bien podría ser café.

Se levantó, cogió su chaqueta, y pasó junto a la mancha de café. Le dijo adiós.