De las cosas que ocurren en la vida, solemos recordar aquello que fue bueno y, en menor medida, lo que hizo daño. Nuestra memoria ha sabido elegir con sabia destreza aquello que almacenará para los restos, de tal manera que, llegado el caso, tengamos una buena colección de vivencias y paridas agradables que traer desde el recuerdo.
Mientras nada malo ocurra, este teatro que trascurre en la cabeza formará un buen colchón de nubes y almohadas en que poder rebotar con cierto desparpajo. Si entre función y función, allá en el limbo, el colchón se agujerea, llegado el caso, una buena biblioteca de vivencias putas te estará esperando. A modo de bibliogafía que consultar, y un poco bañada en mierda, quizá encontremos la razón del descalabro. Y si esto es así, llegado el caso, sólo queda la esperanza de encontrar junto a esta entrada cómo logramos sobrevivir en el pasado.
Me encontraba yo desafiando a la razón y la experiencia cuando estas cuestiones me asaltaron. Las decisiones no siempre se toman en el mejor momento. Vamos, que a veces se podría decir que andamos desconectados, y que sea el sobaco quien piensa por nosotros, a falta de un órgano mejor que se encargue del trabajo. Y no es por menospreciar ningún espacio de la carne que está tras el pellejo, pero hay que reconocer que no siempre las vísceras aciertan.
Pero no nos desviemos del tema. La cuestión era simple: había decidido poner a prueba a mis pellejos, y ver si era capaz de abandonar por una temporada alguno de mis hábitos. Siendo mi modo de vivir repetitivo (y confío, con esperanza, que así es como proceden el resto de paisanos) desafiar a la experiencia y las costumbres no era fácil. No sé si era sensato poner a prueba las reglas que dan orden al caos que podríamos ser sin repetirnos, Os puedo asegurar que no estaba nada seguro.
Romper temporalmente con un hábito implicaba cierto riesgo. Ocupar el tiempo dedicado a la rutina se revelaba complicado. Modificar ese continuo repetido hasta el cansancio podría suponer cambiarlo todo.
Total, ¿qué suponía pasar un mes sin la
cerveza? ¿Realmente pasaba algo?
Finalmente, decidí que no importaba tanto.